El flamenco toma el salón del Real Círculo Artístico de Barcelona para encontrarse de frente con el surrealismo. No es solo un espectáculo; es un diálogo entre la elegancia, la fuerza y el delirio.
Formato íntimo donde el escenario se vuelve puro instinto: un flamenco que, como los relojes de Dalí, se derrite, se rompe y se vuelve a recomponer ante tus ojos.